Las larvas de mariposas cuentan con una anatomía singular, estas larvas exhiben una sorprendente variedad de mecanismos defensivos contra los depredadores que buscan alimentarse de ellas, ya sean insectos, ranas, aves o incluso monos. Entre estas estrategias se encuentran las espinas y pelos urticantes que contienen toxinas, haciéndolas peligrosas. Además, algunas especies, como la larva de la mariposa Heraclides thoas, adoptan ingeniosamente el disfraz de excremento de ave, resaltando esta defensa con su hábito de reposar en el lado superior de las hojas. Otras, por su parte, se valen del camuflaje para mimetizarse con su entorno, dificultando su detección.

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